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"Somos cuidadores de esperanzas,

de sueños y de vida"

Ágora

Los humanos somos una especie extraña. Capaces de lo más sublime y de lo más abyecto. Somos dioses y demonios. Los colombianos nos destacamos en esta ambivalencia, y los paisas en particular, somos edición especial.

¡Cuántas veces hemos sido insensibles al dolor y la desgracia de otros! Tal como ha sucedido ante los millones de víctimas de nuestra violencia histórica y de otras tantas catástrofes que han sacudido a nuestra tribulada tierra. Pero, sorpresivamente, surge de nosotros una demostración de grandeza conmovedora que nos lleva hasta las lágrimas y que en medio de la tristeza nos llena de orgullo, del profundo orgullo de pertenecer a este pueblo. Más aún, cuando en un mundo donde crece el odio al extranjero, al inmigrante, al otro, al diferente, al contrario, aparece explicita y maravillosa nuestra manifestación de solidaridad con otro pueblo, con los jugadores del equipo contra el cual nuestro mejor club iba a disputar una copa subcontinental de fútbol, con quienes perecen en un fatal accidente aéreo provocado por imprudencia criminal.

Todo el proceso de rescate, de traslado de cuerpos y heridos, de identificación y atención, de coordinación con autoridades extranjeras y familiares de las víctimas, de disposición y envío digno de los cadáveres, fue realizado con lujo de eficiencia, cuidado, pulcritud, respeto y afecto; asumiendo la tragedia como si fuera propia. Lo máximo, el acto en el estadio, impresionante, conmovedor, grandioso: manifestación conjunta de autoridades, hinchas y población, que sorprendió en todo el mundo como gesto humanitario que nos engrandece y es ejemplo positivo para todos. Demostración de que podemos hacer las cosas bien.

¡Por ahí es! Ese debe ser el camino propio que nos identifique, nuestra marca, la de un pueblo pacífico, pacifista, solidario y humano; acogedor, pluralista y amable. ¡Aprendamos de nosotros mismos, cultivemos lo mejor de nuestro ser!

NOTA: De este accidente absurdo, nos queda una fuerte lección: las normas de seguridad no se deben desconocer, no deben supeditarse a intereses y cálculos económicos o a terquedades y orgullos personales. En salud no puede valer el “deje así”, “ya lo hemos hecho y nunca ha pasado nada”, “mi experiencia me dice…”, “para qué complicarse más?”, “para qué listas de chequeo y esas vainas?”, etc

JORGE DIEGO ACOSTA CORREA

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